Just take my arm

 

- So, if you are going to show me the city I offer you my arm to walk side by side!

- You are a gentleman. Those who almost doesn’t  exist nowadays!

- No, I am just a guy walking in companion of a beautiful girl with incredible eyes, someone I don’t want to loos…

- In that case, I accept the offer.

 

Hope by Jack Johnson

 

La numerología de Lucas

“Nadie está libre de decir estupideces, lo malo es decirlas con énfasis”. Michel Eyquem de Montaige.


 

- Un 9 nunca puede salir con un 5… puede estar con un 8 o un 7, si fuera el caso y la situación lo amerita, pero nunca, repito nunca, puede estar con un 5! Me soltó apenas nos sentamos en la mesa.

¿Podés dejar que me acomode y pida una cerveza para que el alcohol haga lo propio y me ayude a comprender, por enésima vez, la sarta de estupideces que me venís soltando desde la primera vez que salimos y nos convertimos en compañeros de la clase de tango de los jueves night? Reflexioné secretamente.

- Te explico, me aclaró con gesto sabiondo…

Por suerte, el alcohol llegó a tiempo; inmediatamente hago gesto al camarero para que se quede cerca por si las moscas…

- Creo que ya  te comenté que por el momento no quiero estar con nadie, pero sin embargo tengo un plan B. Mi plan B se llama Gabriela. Gabriela es una mina 10 puntos en todos los sentidos. Tiene un cuerpo increíble y es muy inteligente; ingeniera y habla como cuatro idiomas. A veces nos vemos, cogemos y nada más… pero creo que ella está enamorada de mí.

- Pero si crees que Gabriela es una mina 10 puntos porqué no salís con ella de verdad. Desde otro lugar… Digo, si te gusta y la pasas bien qué es lo ¿que te frena?

- ¿Además del hecho de que no quiero estar con nadie de manera formal?, me choca el saber que ella es una mujer 10 y yo soy un 5… tal vez podría ser un 6 si le pongo un poco de huevos…

No entiendo esta pseudo- filosofía numerológica con la que algunas personas definen a otras personas. Are you still 17 years old, stupid little man?

- Antes era más fácil porque Gabriela era una gran amiga. Podía hablar con ella, nos reíamos y me aportaba un montón, pero ahora con el sexo algo se rompió. Siempre intenta tirar la conversación hacia el tema de “¿porqué no nos convertimos en una pareja…?” Intenta convencerme. Por mi parte, ahora que se que está muerta por mi ya no puedo verla con los mismos ojos…

- Te escucho y cada vez entiendo menos a los tipos. Te regodeas de que coges con una mina que en la numerología masculina sería un 10, que según vos es inteligente, te gusta, te lo pasas bien y que desde hace cuatro años la ves de forma continua…  y para colmo la apodás “Plan B”? lo tuyo no tiene nombre, y mucho menos número…

- Lo que pasa es que yo soy un tipo normal, sin demasiadas pretensiones. En un punto me gusta tener un plan B, es necesario en la vida… pero sigo convencido de que es imposible que una persona de rango 5 pueda estar con alguien que tenga una mayor categoría… te lo digo por experiencia, hace unos años salí con una modelo y fue horrible no estar a su altura, sentenció.

Y mientras pedía la segunda cerveza para aminorar el mal trago de la primera pense: “no sos un 5 sos un menos 10”.

The more I see of men,
The more I respect them less,
But I understand
Why they’re so in demand,
For a woman must confess,
Yes!
Ev’ry man is a stupid man, stupid man, stupid man,
Ev’ry man is a stupid man
Except the man you love.
Ev’ry man is an awful fool, awful fool, awful fool,
Ev,ry man is an awful fool
Except the fool you love.
Good or bad men,
Gay or sad men,
Young or old men,
Hot or cold men,
Poor or rich men,
No matter which men,
They are all the same!
Ev’ry man is a nincompoop, nincompoop, nincompoop,
Ev’ry man is a nincompoop
Except… the poop you love.

Del musical can can.

 

De histéricos y de locos…

La palabra histeria deriva del griego hyaterá, que significa matriz, ya que los antiguos asociaron esta enfermedad con el útero de la mujer y, por tanto, con el sexo femenino, descuidándose la observación de fenómenos histéricos en el hombre, que también existen.

Los síntomas histéricos son un intento de defensa en una situación que no se sabe cómo resolver. Suelen aparecer síntomas asociados de cualquier tipo, pero son exagerados y pintorescos.

 

Hasta hace poco tiempo pensaba que la histeria era exclusivamente femenina. La había visto en mi misma; lo confieso. La había reconocido en alguna que otra amiga víctima de un desamor y hasta en los incontrolables gritos de mi madre los sábados por la mañana cuando tocaba limpiar la casa… sí, esa gran compañera de nuestra adolescencia, esa parte de nosotras que odiamos y con la que batallamos hasta los 25 y que, por suerte, logramos controlar; porque la conocemos y sabemos cuando aflora. Pero ciertos acontecimientos ratificaron algo que venía vislumbrando en los últimos años: los hombres también son histéricos.

 

Mi amigo Augusto, psicólogo de profesión y de vocación lo confirmó sin dudarlo un ápice:

- “claro que los hombres son histéricos, ¿No lo sabías?”.

- “Si…” respondí dudando un poco y mirando para un costado… “En realidad me lo imaginaba pero últimamente lo confirmé”.

- “Pues sí. Pueden ser tan histéricos como una mujer”, aseguró como si fuera lo más normal de mundo… y, mientras veíamos pasar estaciones de tren me contó el cómo de la cuestión.

 

Ahora puedo confirmarlo objetivamente:  los hombres son histéricos! Pero es que esta histeria puede llegar a ser más peligrosa que la femenina porque no se reconoce a simple vista, ni se identifica a si misma, sobre todo porque puede descansar oculta tras la tantas veces escuchada frase: “estoy pasando por un momento en mi vida en el que quiero estar sólo… ”. En última instancia, si te dicen esto, piensas… ok, no tiene porqué pasar algo entre nosotros sólo porque somos hombre y mujer, ¿no? Además, todo el mundo pasa por esos momentos y ni siquiera sabemos si hay feeling entre nosotros, es más, es la primera vez que nos vemos y, ¿quién dice que no podemos ser amigos? Al fin y al cabo, tengo muchos amigos hombres… autorreflexión ante la fatídica frase que viene a cuento de nada y que va seguida de inexplicables envíos de señales que simulan una inicial conquista.

Pero cuidado porque esta frase que a simple vista resulta directa, concisa y clara, puede esconder una faceta histérica. La del típico quiero pero no puedo, o más bien, quiero pero no se si quiero, o el todavía peor, no se si quiero pero tampoco quiero decir que no quiero (por las dudas…).

-Martín (36 años) y comenzó a chatear con Fabiana por el Twitter. Se habían conocido en el trabajo pero no tenían mucha relación. Fabiana se fue de viaje de trabajo y por las tardes, el aburrimiento de las horas muertas hizo que los mensajes de uno y otro lado fueran cada vez más seguidos, hasta que un día Martín traspasó la línea e invitó a Fabiana a tomar un café. El café era más bien una suerte de encuentro casero sin demasiada importancia. Fabiana, llena de actividades tuvo que cancelar la “cita” pero propuso encontrarse en otro momento cuando los dos pudieran ajustar sus agendas. Una semana más tarde Martín la llama y van al teatro. Él llega sobre la hora, con mala cara y casi ni le dirige la palabra. Termina la obra, van a cenar y en un momento Martín dice: “estoy cansado del sexo, sólo quiero a alguien para salir alguna que otra noche, pero sin nada más… lo aclaro para que no haya malos entendidos y luego no te hagas ilusiones”, sentenció. A la pobre Fabiana se le atragantó la lechuga de la ensalada.

Cuando Fabiana me lo contaba pensé en ese momento surrealista, en ese momento en el que la pobre Fabiana se sintió como una come hombres… como si tuviera tatuado en la frente un anuncio que dice “necesito sexo ya y me da lo mismo que seas tú o el de la barra del restaurante”…

 

- “Sólo habíamos ido al teatro. Era la primera vez que nos veíamos y estábamos hablando de trabajo… ¿entendés?”, me explicaba mientras intentábamos comprender la razón de la innecesaria aclaración.

Pero estaba claro que el espectáculo se había trasladado a la mesa…

Una vez aclarada la cuestión, la cena continuó enmarcada en una conversación más o menos normal hasta que “anti sexo” pseudo galán la llevó a su casa en moto. En un semáforo y ante una impulsiva frenada que provocó que Fabiana tuviera que agarrase al conductor de forma sorpresiva, él le dice entre risas: “mira lo que tengo que hacer para que me metas mano…”

Yo que sólo estaba reviviendo ese relato desde la escucha activa enseguida pensé en que el susodicho era la encarnación misma de la histeria masculina, el caso de manual que me había explicado Augusto. Pero además pensé en la idiotez humana y en una frase que una amiga le dijo una vez a un tipo en la primera cita: “flaco, te crees mil”.

 

Soy mujer, pero tengo talento!

Pies… para qué los quiero, si tengo alas para volar, Frida Kahlo.

A lo largo de los últimos años he llegado a la conclusión de que cada vez me gusta más ser mujer. Esta conclusión podría tomarse como una obviedad pero en realidad trata de expresar en simples palabras la grandeza del género humano. Todavía me acuerdo cuando prefería haber nacido hombre… Un pensamiento de los ocho años me llevó a creer que ellos lo tenían más fácil… “pueden subir a los árboles sin que nadie les advierta sobre los posibles peligros, pueden elegir no ponerse vestidos de color rosa y con dibujitos de Sarah Kay, ni zapatos de charol con un moñito blanco y definitivamente no tienen que preocuparse constantemente por estar peinados”. A la edad de 12, odié todavía más el llamarme Eloise y no Lucas. Se producían cambios incómodos, desagradables, dolorosos y hasta vergonzosos, todo acompañado de un incipiente interés por el sexo opuesto, una panda de niños que todavía estaba en Babia y jugando con autitos. Años más tarde vinieron los debates universitarios en los que debías hacerte oír a golpe de gritos para destacar entre tus “compañeros”, la búsqueda laboral en la que debías demostrar a tu entrevistador que eras más que una cara bonita y las incansables discusiones con tu jefe para demostrar que tus ideas son igual de innovadoras, o incluso mejores que las de Maximiliano… Y cómo dejar de lado los constantes desamores, que te toman por sorpresa, te desgarran, te duelen y que te hacen querer odiar en lugar de amar…

Pero hoy tengo la suerte de poder mirar más allá de mi misma. Y mirando a mi alrededor, veo mujeres excepcionales que me hacen estar orgullosa de ser parte del género femenino y me hacen acordar a una frase de Frida que decía: “Soy mujer, pero tengo talento!”

-         Veo a Paula, que se escucha, que cambia, que busca su felicidad sin miedo, que apuesta por ella misma.

-         Veo a Laia que quiere ser madre y profesional y que cuida su panza y sueña con ver la cara de su futura hija.

-         Veo a Vanina que dejó todo por perseguir su sueño, que trabaja gratis para cambiar las cosas y lucha contra de las injusticias.

-         Veo a Carla, exitosa, inteligente, que se supera a cada paso y apuesta por el amor.

-         Veo a María que no necesita de ningún hombre para ser feliz y decidió criar a su hijo sola.

-         Veo a todas las madres, hermanas y amigas que aman, sienten, dan, comparten, sueñan, se atreven, empiezan una y otra vez, que no temen a romper con los preceptos… y mil cosas más que somos capaces de hacer las mujeres y sobre todo me veo a mi misma en cada una de ellas. Y creo que al fin y al cabo, al igual que el género, el talento también está dentro de nuestra genética.

 

Oídos sordos

Y sí! Es hora de que te enteres: Tengo 34 años, no tengo pareja, ni hijos, ni perro que me ladre, aunque alguna que otra planta medio chamuscada. Vivo en una mini casa creada exclusivamente por mí y para mí, es decir, a mi gusto y semejanza y no soy una persona exitosa económicamente (todavía). Podré ser la mejor tía del mundo, podé cuidar los hijos de mis amigas y podré seguir manteniendo relaciones esporádicas hasta el hartazgo…

Hoy me dijeron que si alguien llega a los 35 años solo/a es que está realmente jodido/a. Me falta un año reflexioné en voz alta, mientras aseguraba a mi interlocutor y a mi msima que NO PASA NADA por estar sola a estas alturas de la vida. “No por mucho madrugar se amanece más temprano” pensé… y es que eso de que la vida va pasando es una ley que ya no intento esquivar, pero también son consciente de que tras cada ruptura/amor no correspondido o relación caducada (dígase no concluida a posta, por elección propia) ha habido una toma de desición a conciencia. Es decir, no por estar con alguien tenés el cielo comprado… tal vez así haya un sesgo de tranquilidad que apacigüe esas huellas depositadas en mi inconsciente personal/social que reza (cuando me agarra con la guardia baja) que es obligatorio estar con alguien.

Debo confesar que esta aseveración me tomó un poco desprevenida ya que como toda ser humana me encuentro repartida entre varias razones o conciencias. Por un lado, la mayoría de mis amigas de la infancia ya han cumplido con el mandato popular. Cumplido felizmente, debo decir, porque se las ve más que contentas siendo las matriarcas de hermosas y prósperas familias, o bien compartiendo vida en pareja de larga trayectoria. Al otro lado del ring, se encuentra la otra porción de amigas con quienes hoy comparto muchos proyectos profesionales y vientos de cambio personales y que están igual que yo, al filo de sobrepasar los 34 y llegar a los 35 con el estigma de “estás jodida”.

Llagados a este punto y estando en la posición de haber dejado absolutamente todo lo que se podría llamar “seguro” en mi vida para pasar a aplicar un estilo un poco “menos safe” emocionalmente, me pregunto ¿es que la edad es referente obligatorio de cumplir con ciertos preceptos sociales, o es que simplemente no somos capaces de aceptarnos como somos y continuamente necesitamos castigarnos? Sí, debo confesarlo, a veces dudo… porque la incertidumbre mata, corroe, aniquila…

Pero una vez se me pasa el momento “inseguridad” (Sí, me defino como humana) me acuerdo de que hace un año, cuando terminé mis sesiones de diván pude llegar a la conclusión de que cada uno debe seguir el camino que desea. Y sí, resulta difícil no seguir a la manada cuando crees que eso es que se debe hacer y no lo que realmente quieres hacer, pero querer es poder, ¿no? Y ¿hasta dónde es capaz de llegar ese querer cuando está condicionado por lo debido? ¿Es un querer real o ficticio? Yo quiero “queres” reales en mi vida y se que habrá que batallar algunas veces cuando escuchas frases obtusas. Pienso y analizo las palabras una a una y por suerte llego a la conclusión de que el pobre tipo que dice eso es el mismo que a los pocos minutos asegura que las mujeres son muy lindas pero muy complicadas… “esa frase ya está pasada de moda, flaco!” y la verdad es que si he sido capaz hasta ahora de llevar una vida feliz aunque no esté en pareja seré capaz de continuar escuchando mis deseos y no palabras necias.

 

Rasque señora, rasque

ما حكّ جْلْْْْْدك مثل ظْفرك

Esquivar incansables vendedores es agotador, por eso nos fuimos a un autentico baño árabe, hammam, un ritual que invita al encuentro entre mujeres e incita a la charla amena, a calzón quitado como decimos nosotros, aunque en realidad lo único que no te quitas es justamente el calzón…

Antes de entrar al hammam Rosa, mi compañera de viaje, me recomendó que comprara un guante de crin para que se hiciera bien el trabajo. “El guante es básico, si no tienes guante no vale la pena… Yo puedo prestarte uno pero es algo muy personal” alegó, “ok, me lo compro y así ya me queda…”, dije mientras cruzábamos la calle hacia el mini-kiosco de la esquina, en realidad no estaba muy segura de para qué era o de cuándo iba a volver a usarlo, pero bueno… uno se deja llevar.  Un viejito con una bata azul me vendió el último guante de crin que le quedaba. “20 díhams” dijo esbozando una sonrisa que dejaba ver un diente. Una vez le entregué la moneda agregó, “Que la pasen bien”, mostrando aún más su resplandeciente joya odontológica. “Que te parece Rosa?, este es bueno?” pregunté. “Sí este rasca un montón”, sentenció.

Nos adentramos en la humeante atmosfera del hammam, tras pagar unos 9€. Se trata de una suerte de espacio circular, revestido de azulejos y mármol en donde abunda el agua por doquier. Una vez te deshaces de tus vestiduras, te enjabonas con una pasta semi-negra hecha con el hueso de la oliva. La idea es embadurnarse bien y “all over your body” tarea para la cual es recomendable llevar a  alguna amiga de confianza que no tenga vergüenza de echarte la pasta por los lugares inaccesibles, dígase espalda. Siguiente paso, entras a un baño de vapor charlas un rato con tu amiga enjabonadora sobre cómo fue tu día  y después vas a las camillas.

El paso a las camillas es el momento crítico de todo el ritual. Yo las bauticé las camillas rascadoras y la verdad es que la pinta de las señoras encargadas de la labor es pavorosa. Van vestidas con unas camisetas de tirantes y unos mini-shorts negros. Creo que si no estuvieran ahí serían parte de un equipo de baloncesto o de rugby, pero la cuestión es que luego comprendí porqué las señoras estaban tan fuertes… tu eliges tu señora rascadora y te pones en sus hábiles manos. Ella se calza el guante y empieza a trabajar. Utilizando el arma letal rasca a más no poder y con rabia en todos los lugares de tu cuerpo. No hay un centímetro que escape a las habilidades de la señora rascadora y ten en cuenta que una vez te has puesto es sus manos estás atrapada porque al estar impregnada de materia jabonosa, es imposible escapar, aunque resulta muy fácil patinarte sobre la camilla.

La señora rasca que da miedo. Rasca las piernas, los brazos, la espalda, los pies, el cuello, la barriga… TODO. Al principio es un poco raro porque sientes pudor: “desde los 5 años que no me lava una señora mayor…”  pero luego de un rato te empieza a gustar ya que al final te sientes muy, pero que muy limpia; como no lo has estado nunca en toda tu vida ni siquiera cuando eras pequeña y tu mamá te daba con la esponja bien fuerte luego de pasar todo el día jugando fuera. La cuestión que una vez ya no hay más piel muerta que rascar, haces todas esas cosas que hacemos las mujeres. Nos lavamos el pelo, nos ponemos mascarillas nutritivas, nos depilamos si hiciera falta (no fue mi caso, gracias) y pasas a una piscina de agua fría supuestamente buena para la circulación. “hemos acabado ya?” pregunté. “No, ahora tienes que ponerte jabón otra vez y vuelven a lavarte pero masajeándote”… bien, entonces puedo relajarme ya… “Y cuando te den un golpe final en la espalda significa que ya han acabado contigo…”. Entonces otra vez te encuentras enjabonada y una señora (en este caso otra ya que la mía estaba ocupada) vuelve a rascarte más suavemente… este es el mejor momento porque te das cuenta que nunca en toda tu vida has estado tan, tan limpia.

 

shoukran, Fez

En el año 789 Idriss I, fundador de la primera dinastía marroquí,  inició el proyecto de construcción de una nueva y grandiosa capital en contraposición a la ciudad de Oualili (Volúbilis). Murió antes de su fundación pero su hijo Idriss II continuó con los deseos de su padre. En 809 Fez ya estaba asentada y poco a poco lo que en un principio se constituyó como un modesto asentamiento bereber, luego fue hogar de 8.000 familias que huían del Al Ándalus y familias árabes procedentes de la actual Turquía.

Una de las primeras impresiones que tengo cuando llego a un lugar diferente son los olores. Sobre todo en países en donde abundan las especias. Pero aún si no fuera así, creo verdaderamente que cada sitio guarda un olor característico. Resultaría fabuloso poder describir los olores que hay en marruecos pero la verdad es que no quisiera privar a quienes quieran pasarse por aquí a descubrirlos… La mejor forma de conocerlos es visitando la Medina. Lograr orientarse en la Medina más grande del mundo árabe no es tarea fácil. Las pequeñas callejuelas simulan ser todas iguales y las esquinas faltas de luz asustan a los más sensibles y dubitativos  visitantes, eso sin hacer alusión a la gran cantidad de hombres que se te pegan como moscas para acompañarte, indicarte dónde queda tal o cual sitio o bien venderte cacharros a un supuesto precio “más asequible”. Ojo, los precios nunca son más asequibles si eres extranjero y los acompañantes siempre piden una comisión. Regla número 1: mejor sola que mal acompañada, “la shukran” (no gracias).

La mezcla de culturas y religiones dieron lugar a un desarrollo arquitectónico y cultural notable. Tras varias dinastías y guerras, los vencedores  Almohades se encargaron de reconstruir la muralla una vez se aseguraron de la lealtad de los fasíes (habitantes de Fez). Hasta 1912, Marruecos estaba dividido en dos capitales, Marrakech y Fez. Luego de algunos años, Rabat se constituyó como  la capital administrativa y política del país pero Fez siguió siendo la ciudad cultural e intelectual por excelencia y una de las más hermosas del país.

“Hola, Hello, Bon Jour…” y así se suceden constantemente una y otra vez a lo largo de todo el día. De ida y de vuelta, de subida y de bajada… Pero lo peor que puedes hacer es entrar a las tiendas si no vas a regatear o bien comprar algo. Te invitan a te, te hacen sentar, te sacan todas y cada una de las alfombras que tienen y te muestran las terminaciones, la confección y los materiales… luego pasas por el puesto de cuero y lo mismo. Y así se va sucediendo tu día, tratando de escapar de los vendedores acosadores e intentando impregnarte de la cultura del lugar. Yo Pensaba que al ser morena y de pelo oscuro pasaría desapercibida pero el ojo observador de los comerciantes es infalible… y, repentinamente, en un intento fallido de intentar mirar para otro lado cual guiri despreocupada y medio perdida, fui pescada por dos primos que vendían artículos de piel. De un lado y del otro me vi apresada y sin escapatoria… la conversación comenzó así:

-          Española?

-          No argentina

-          Ah! Me encantan los sudamericanos… son muy ricos de corazón!

-          Sí, sólo de corazón. No voy a comprar nada.

-     No te preocupes amiga. Pasa, pasa y tómate un te de la bienvenida. Cómo te llamas? Estás de vacaciones?

-          Me llamo Eoise! No, no estoy de vacaciones. Trabajo en un proyecto de cooperación…

Y luego de aclararle por enésima vez que no iba a comprar nada, continuamos la conversación mientras esperábamos el té verde con azúcar de la bienvenida… hablamos en español, pasamos por el francés, seguimos con el inglés e interpuse (yo?) algunas escuetas palabras estratégicas en árabe que me había aprendido la noche anterior. El té se hizo de rogar pero mientras tanto hablamos de Barcelona, Madrid, España, llegamos a Argentina y luego pasamos a su tema preferido, el negocio. Me contó sobre la larga tradición de su familia de raíces imazighen (bereber) en el trabajo con el cuero. Él, como no, era el encargado del negocio y su abuelo el dueño. Trabajaba con su primo y le encargaban a un artesano los trabajos pedido por los “guiris”, “artesanías exclusivas”, aseguró.

Finalmente el té llegó y mientras brindábamos para que el Barça ganara el partido de esa noche con un gol de Messi, intentó convencerme de que comprara un bolso que había traído su abuelo hace mucho tiempo de desierto… “Está cocido a mano por mujeres bereberes y es de piel de camello”. Y yo, fiel a mis propias tradiciones saqué la billetera de mi bolso comprado en la tienda de los chinos, para hacerle honor a su abuelo. Como dice un amigo ”A man has to do what he has to do”.

 

De salidas y llegadas

Lo que cuenta no son los años de tu vida, sino la vida de tus años, Abraham Lincoln.

 

A veces aunque uno desea irse, resulta difícil dejar el nido. Sin quererlo, como buenos animales de costumbre nos hacemos un lugar dentro del lugar. El sitio indefectiblemente invita al acomode… yo como todo ser, también a veces soy un animal de costumbre y mi viaje como no empieza en mi casa. La casa es el primer terreno del preparativo y de la organización. Armamos, desarmamos, guardamos y mientras tanto reencontramos cosas que creíamos perdidas. Pero luego de la reacción llega la acción y nos toca cerrar. Cerrar la casa es la tarea de toda persona dispuesta a partir. Disponer las cosas que crees importantes en sitios “seguros” por si tuvieras que dar instrucciones a alguien para que las rescatase: “no te preocupes por mí, estoy bien pero necesito que busques el contrato de la casa. Está en una carpeta azul que dice “papeles importantes”, en tercer cajón del armarito blanco que está en el lado izquierdo de la habitación de invitados. Pero no el grande… ese que encontramos en la calle y reciclamos juntos… Te acordas?, gracias”… Nota mental: la próxima vez dale a la persona que se supone se hará cargo de las cosas importantes; las cosas importantes. Luego de cerrar todo te vas sin mirar atrás, o mejor dicho mirando de reojo…

“Señorita, se pasa 4 kilos de los permitidos”, sentenció el empleado de la supuestamente barata aerolínea. Y bueno… lo típico, ente las cremas, los cables de los aparatos electrónicos y los libros… la valija que iba a ser armada bajo el lema de “voy a llevarme pocas cosas” terminó pesando 19 kilos. “¿Me dejas pasar igual?”, le dije mostrando mi mejor sonrisa. Me miró con asco y acotó: “por el sobrepeso tendrás que pagar 80€, sino puedes meter los kilos que te sobran en la maleta de mano”. Fuck!, pues entonces tendré que dilucidar cómo meter 4 kilos en una mochila donde ya llevo la cámara de fotos y el portátil. Luego de 15 minutos y una cola enorme detrás de mí, supongo  que mi cara de pena surtió efecto con la compañera de mi check-in agent quien tuvo la delicadeza de abrir un mostrador para mí y me dejó meter la crema, el shampoo y la yerba dentro de la maleta mientras hacía que miraba para otro lado. Gracias nena, ¡que Dios te lo pague con muchos hijos!

Pasa por el control de seguridad con 10 kilos en una mochila y luego te cuento… saca portátil, mete portátil… “Y eso que es señorita? Un mate señor… “¿pero pensabas que todo se acababa ahí? Noooo. Policía sellando pasaportes, niños corriendo como desesperados, pasajeros con miles de bultos y para rematarla, la cortesía del personal de la aerolínea es directamente proporcional a los precios. “A ver si armamos dos colas. El que se cuele pasará al final”, gritó la empleada de RyanAir. ¿Otra vez me vas a pesar y medir la maleta de mano? Es la tercera vez que me escabullo… Y es que la pena por tener una valija de mano que se pasa de las medidas oficiales es de 35€. Quiero subirme al avión y llegar a Fez de una vez.

Lejos de la puntualidad inglesa, el avión despegó con unos minutos de retraso. Llegamos a Fez/ Saïs, acompañados bocanadas de viento que provocaron un aterrizaje un tanto movidito coronado por aplausos de los pasajeros. Me recibió la lluvia que erizó aun más mi pelo que últimamente había tomado cierto aire a las pelucas de los años 80; al parecer tiene vida propia… este es el momento para utilizar mi francé ya que compañero de vuelo que decía ser suizo, al darse cuenta de mi paupérrimo vocabulario  decidió ofrecerme una escueta conversación en inglés… El descenso del avión y la entrada a la terminal fue igual de caótico que la salida de España. Un aluvión de pasajeros tratando de hacerse con las tarjetas de migraciones… yo con mis 10 kilos de sobrepeso intentando encontrar algo que me sirviera para escribir… entre la gran cantidad de cosas que tengo en la mochila no se me ocurrió llevar un bolígrafo, good for you! So just ask your swiss frind to lend you one. “yes sure, here you are”. ¿Es cultural que la gente se cuele? Sí, es totalmente cultural y uno debe seguir las costumbres del país a donde va. Sellito por aquí, sellito por allá, usted puede pasar! Que bien cuando no te preguntan a qué venís, a dónde vas y sobre todo cuanto tiempo te quedas. La chica viene de vacaciones, dejémosla pasar sin demasiados cuestionamientos… Hospitalidad Marroquí!

“Are you going to Fez?, would you like to share a taxi?”, “Yes I´m going to Fez but somebody is picking me up. Thank you anyway”. Sí, alguien me venía a buscar pero el problema es que no conocía la cara de ese alguien, que en este caso era una chica catalana que hacía 2 años vivía en Fez y con la que iba a estar colaborando más de 1 mes. Me arrimé a la cinta y pude ver mi abultada maleta. Paso dos, quita 7 kilos de la mochila y pásalos a la valija. Busco estratégicamente un sitio apartado con tan mala suerte que el paquete de yerba sale disparado hacia los pies del policía que custodiaba la cinta de seguridad de aduanas. Ehhh como se decía en francés?????? C´est yerba pour le mate… Je suis argentine, Monsieur. Sumido en una burbuja de desinterés el hombre miró para otro lado y pasó de mí. Ok, ahora a encontrar a mi futura compañera… Ella me reconoció a primera vista. “Te he visto abriendo la maleta y sacando y/o metiendo cosas y no se porqué me imaginé que eras tú… momento de saludos y presentaciones. “El es Youssef, mi novio” dijo ella con una sonrisa, “enchante, je suis Eloise!”, acoté.

Entrar en el taxi me transportó a otra época. Ese olor tan característico a rancio, tierra acumulada y cubre asientos ajados. El mismo del 2009 en Marrakech y Casablanca y el mismo del 2005 de Senegal. Disfrutando con los olores conocidos, partimos hacía Fez en un viejo Dacia blanco con las manivelas de las ventanillas rotas por el uso y un conductor temerario, todo coronado por la música a todo volumen. Mientras Youssef le daba charla al taxista, Roser y yo nos poníamos al día, conociéndonos y cayéndonos bien desde el primer momento. Entramos a Fez por la Ville Nouvelle, la cuidad nueva construida por los franceses durante la colonización. Grandes avenidas y bulevares arbolados, tiendas occidentales por doquier y mucha gente tomando el obligado paseo de los sábados. Me habían dicho que Fez es una de las ciudades marroquíes más hermosas del país pero cuando llegué a la puerta Bab Bou Jelou entendí perfectamente a qué se referían todos. Ahí estaba, frente a mí la Medina más grande del mundo árabe, formada por cientos de caóticos callejones y puestos de venta… Fez el-Bali, el propio corazón Fez y mi futuro hogar.

El milagro de Milagros

Cuando se está enamorado, comienza uno por engañarse a sí mismo y acaba por engañar a los demás. Esto es lo que el mundo llama una novela. Oscar Wilde


Milagros se crió en un entorno más que católico. Cada año, su familia destinaba un fin de semana a acudir al conocido santuario de la virgen de Lourdes, ubicado en la localidad de Massabielle, al occidente de la ciudad del mismo nombre, en Francia. La bien conocida procesión adorada por la niña en aquellos años representaba todo un acontecimiento y como tal definiría, de alguna forma, su futuro. “Un día conoceré al hombre de mi vida en el santuario de Lourdes”, se decía a sí misma…

Así las cosas, con el paso de los años la joven siguió no sólo haciéndole caso al desarrollo de sus hormonas, sino también al presagio que ella misma se había inventado. Se convirtió en mujer y lejos de escapar a su destino, un buen día la reunión con quienes adoraban a la misma imagen sagrada que ella, regaló a Milagros un encuentro con ese hombre a quien el presagio creado por ella misma había dado vida. Milagros eligió a un hombre de entre todos los que se encontraban en el sagrado sitio. En un principio lo miró, pero no lo vio. En su interior sabía que había llegado el momento… pero… cómo saber cuál era. Todos parecían tan “comunes” y ninguno simulaba ser el indicado. Sin embargo, como bien dice el dicho, el que busca encuentra y Milagros se topó con su esperado peregrino. Lo miró… se miraron y se encontraron.

“Al principio no me atrajo demasiado, pero en el fondo yo sabía que él era el hombre de mi vida”. Por suerte para Milagros, el paso de los meses y la ilusión de una potencial y prometedora carrera de médico, le auguraba un futuro lleno de posibilidades. Así las cosas, Milagros se caso y formó un matrimonio “cuasi” perfecto de la mano de quien se había convertido en el regalo de tantos años de peregrinación al santuario de su Virgen preferida.

Esta historia a simple vista podría ser similar a la de cualquier mujer capaz de crear un universo particular en donde es posible encontrar a la persona que supuestamente uno está buscando y que cree que existe en algún lugar del mundo. Pero en la actualidad, luego de 15 años de matrimonio, una hija y dos perros chiguagua, Milagros continua yendo al Santuario de Lourdes a pedirle a la Virgen que le conceda la felicidad que no supo mantener durante todos estos años de vida en común. Milagros espera que su marido, el exitoso médico se acuerde de que ella existe y ruega para que un día vuelvan a encontrarse y a mirarse como aquella vez, en la que los dos creyeron que eran el uno para el otro.

Para el que ama, mil objeciones no llegan a formar una duda; para quien no ama, mil pruebas no llegan a constituir una certeza. Louis Evely

La atadura del tiempo…

“Piensa en ésto, cuando te regalan un reloj te regalan algo que es tuyo pero que no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan la tendencia a comparar un reloj con los demás relojes,… no te regalan un reloj, tú eres el regalado.” Julio Cortázar.

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